POLITICA   6 de mayo de 2018

Macri, entre el dólar, la gente y las elecciones

El Gobierno logró frenar la corrida cambiaria y estabilizar la divisa en torno a los 22 pesos. Sin embargo, la oposición presiona apoyada en el malestar social por los tarifazos y en vistas del próximo llamado a las urnas.

Por Damián Juárez
djuarez@cronica.com.ar

La semana que terminó no fue una más para el gobierno. Se veían por los pasillos de Casa Rosada más caras largas que lo habitual. Nadie quería hablar. Había tensión. La corrida cambiaria obligó al gobierno a recalcular. Puertas adentro evalúan que no perdieron contra el mercado pero fue una pulseada difícil, quizás la peor de los últimos tiempos.

El gobierno tenía un manual, que a la luz de los acontecimientos de los últimos días hubo que romper y sentarse a escribir uno nuevo, aunque puertas para afuera se diga que "todo sigue igual". El manual, que contaba con el beneplácito del asesor Jaime Durán Barba era claro: en 2018, ajuste de tarifas, y en 2019, antes de las elecciones, festival de subsidios sociales y gente yendo a las urnas con billeteras contentas.

El problema fue que se entró, la semana que termina, en una tormenta perfecta, donde el gobierno debió lidiar al mismo tiempo con varios frentes complicados.

En el tema tarifas, la oposición sacó pecho y avanzó, montada en el malestar social, con su proyecto para apaciguar el impacto de la suba de los servicios públicos en la clase media, la misma que hoy es independiente en términos electorales y así como votó a
Mauricio Macri le puede quitar el afecto y escuchar otras ofertas electorales.

El otro frente fueron las encuestas que llegaron a las oficinas de la calle Balcarce: la aprobación hacia la figura presidencial no viene bien, justamente porque la economía no termina de arrancar, y la inflación y tarifas hacen el resto. También el gobierno se enemistó con parte de las empresas que forman el tan mentado "círculo rojo", al poner un impuesto a los tenedores externos de letras del Banco Central, las ahora populares Lebac.

 

Mirando las urnas

Los anuncios de Nicolás Dujovne de achicar el gasto impactarán, según lo dijo el propio ministro, en la obra pública. Este ajuste es "piantavotos", sostenían ayer muchos por lo bajo, en un año electoral donde se necesita conquistar corazones, pero sobre todo bolsillos.

En total el gobierno quiere ahorrar 3.200 millones de dólares y si bien ya se estableció que parte de este dinero se dejará de invertir en obra pública, aun resta conocerse la letra chica de este ajuste de cinturón que aplicará el Ejecutivo, dejando de lado el gradualismo y aplicando una terapia de mayor shock.

El impacto electoral de todos estos movimientos está aún por verse. Sin embargo, si bien es cierto de que Macri cayó en las encuestas, nadie ha sabido de momento capitalizar este descontento.

Cristina Fernández de Kirchner salió de las sombras tímidamente en medio de la corrida cambiaria para criticar la política económica, pero ella tampoco es hoy la dueña del peronismo.

La actualidad muestra un gobierno con muchas dudas para salir de la coyuntura económica, pero también muestra la falta de una oposición con propuestas alternativas y superadoras.

Mientras Dujovne y Luis Caputo hablaban en el centro porteño, Macri no alteró su rutina de los viernes y se reunió con su denominada mesa chica (el jefe de Gabinete Marcos Peña, los vicejefes del área, Gustavo Lopetegui y Mario Quintana, y el ministro del Interior, Rogelio Frigerio), en la Quinta de Olivos. A ellos se unió Elisa Carrió, que sabe cuándo hay que "golpear" al gobierno y cuándo las papas queman y es necesario dar una imagen de unidad. A todo este grupo le dio la sensación de que hubo un temporal pero que el gobierno no salió tan herido como vaticinaban los más pesimistas.

Sin embargo, pese al dólar "estabilizado" en torno a los 22 pesos, las dudas en la economía persisten. Cuando apenas estaba empezando a amainar el temporal, ayer por la tarde, la Unión Industrial Argentina (UIA) salió a decir por todos los medios lo obvio: que no se puede esperar que un país arranque con tasas de interés del 40% a disposición de la "bicicleta financiera". ¿Quién va a poner una fábrica si puede "hacerla" más fácil en la timba de las finanzas?, se preguntan los industriales, y todavía no encuentran respuestas.

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