SALUD

6 de febrero de 2019

Alertan sobre los riesgos de recargar botellas descartables

El uso reiterado genera grietas en las que pueden alojarse microorganismos en la zona del pico o, incluso, en su interior.

Es una costumbre en el hogar o en los lugares de trabajo rellenar botellas de plástico con agua de la canilla, lo cual es una práctica que conlleva riesgos para la salud intestinal cuando no son lavadas convenientemente.

Salud Pública de la Universidad Internacional de Valencia, publicó en el sitio Cuidate Plus que “las botellas de plástico son de un solo uso, se fabrican para usar, tirar y reciclar, nada más, reutilizarlas no es correcto”.

Si bien los riesgos de esta práctica no son químicos, sí son bacterianos, porque estos recipientes “frecuentemente no se lavan durante días, por lo que acumulan microorganismos en la zona de la boquilla o, incluso, en su interior, procedentes del ambiente o de la boca y las manos del consumidor’, detalló María Carmen López, profesora titular del Área de Nutrición y Bromatología de la Universidad CEU Cardenal Herrera, en un artículo publicado por ámbito.com.

El problema de la reutilización continuada es que “con el tiempo el plástico se deteriora y aparecen grietas y arrugas, donde las bacterias encuentran cobijo”, por lo que el riesgo de infección aumenta. La experta agregó que “la mayoría de los microorganismos pueden sobrevivir en el agua e incluso multiplicarse, incrementando su número”.

López explicó que estos microorganismos son variados e incluyen bacterias de origen entérico, similares a las que podemos encontrar en los alimentos y que pueden causar toxiinfecciones alimentarias.

La sintomatología de estas enfermedades suelen abarcar alteraciones del sistema digestivo como diarreas.

En cuanto a los posibles riesgos químicos, habló de ciertos compuestos que pueden migrar del envase al agua, como el bisfenol A, los ftalatos, el formaldehido, el acetaldehido y el antimonio.

Al respecto, López brindó tranquilidad, ya que “el bisfenol A no está presente en el tipo de plástico (PET) que es el que se utiliza para las botellas de agua, por lo que tampoco podrá pasar al agua”.

Respecto de las otras sustancias químicas, como los ftalatos, formaldehido, acetaldehido y antimonio, “aunque sí pueden estar presentes en las botellas de agua, su cantidad está muy por debajo del límite que se considera seguro”, indicó López.

Pero “si sometemos a las botellas a condiciones inadecuadas de conservación (temperaturas elevadas, tiempo de almacenamiento excesivo y luz solar), las cantidades de estos compuestos podrían incrementarse”, y no son seguras.

En los últimos años se puso de moda el uso de botellas fabricadas para ser rellenadas. Lo que ocurre es que “el material que se usa para su fabricación es más resistente a roturas que el plástico, por lo que es más difícil que encontremos pequeñas grietas en las que se puedan acumular bacterias”, explicó Calixto Zanon.

Ninguno de los materiales empleados para su fabricación “contiene bisfenol A, ftalatos u otras sustancias tóxicas aunque los riesgos de su uso son igualmente de tipo microbiológico, por lo que es recomendable lavar las botellas después de su uso”, señala López.

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