NACIONALES

30 de octubre de 2018

A 35 años del triunfo de Alfonsín: el retorno de la democracia

Fue un día de fiesta para los argentinos, que volvieron a las urnas después de siete años de dictadura militar. Cómo lo mostraron los diarios y la TV.

Para los argentinos que lo vivieron, el domingo 30 de octubre de 1983 fue un día inolvidable. En una jornada histórica, 18 millones de personas volvieron a votar en elecciones abiertas después de siete años de dictadura militar. Y, más allá de los resultados -la victoria del radical Raúl Alfonsín sobre el justicialista Ítalo Luder-, el acontecimiento se vivió como una fiesta, porque marcaba el retorno de la democracia al país.

Los medios de comunicación se hicieron reflejaron las instancias previas con tapas alusivas en los diarios y móviles en vivo -ya con transmisión en colores, desde hacía tres años- desde los lugares de sufragio.

"Llegamos" fue el título a página completa de Clarín, todavía en blanco y negro, de aquel 30 de octubre. Abajo, una foto de los días previos, cuando los ciudadanos hicieron largas colas frente al Registro Nacional de las Personas tratando de conseguir su documento para votar. Además, teniendo en cuenta la falta de experiencia de la población, se publicó un suplemento especial con un instructivo explicando cómo votar.

También la prensa internacional tuvo los ojos puestos en el momento trascendente que vivía la República Argentina. El diario español El País puso en la cabeza de su portada: "Argentina vuelve hoy a la democracia tras siete años de dictadura militar".

La democracia cumple 35 años de su restauración en el país, con las elecciones que consagraron al candidato radical Raúl Alfonsín como presidente de la Nación en una jornada que significó el fin de siete años de dictadura militar y la primera derrota electoral del peronismo a nivel nacional. 

El autodenominado "Proceso de Reorganización Nacional" dejó una herencia de miles de desaparecidos a manos de grupos militares y paramilitares, la derrota en la Guerra de las Islas Malvinas y una economía estancada, con inflación y una abultada deuda externa.

Con esta combinación de factores se llegó a las elecciones del '83, que dieron lugar a un Alfonsín victorioso, de la mano de una campaña apuntalada por un discurso de unión de los argentinos y de enérgica condena a las juntas militares.

"Con la democracia se come, con la democracia se educa, con la democracia se cura", decía Alfonsín en sus discursos de campaña, que siempre cerraba con el recitado del preámbulo de la Constitución nacional.

La fórmula de Ricardo Alfonsín, de la línea interna Renovación y Cambio de la Unión Cívica Radical (UCR), y el cordobés Víctor Martínez llegó a las elecciones, tras imponerse en las internas a Fernando De la Rúa, por entonces identificado con el liderazgo de Ricardo Balbín, y con el antecedente de haberle ganado al peronismo gobernante en 1973, en las elecciones para senador porteño.

Por su parte, el Partido Justicialista (PJ) presentó como candidatos al binomio formado por Ítalo Argentino Lúder y Deolindo Felipe Bittel, que pasarían a la historia en ser los primeros peronistas en perder, sin condicionamientos ni proscripciones, unas elecciones nacionales ante otra fuerza política.

Considerada por muchos analistas como la primera campaña que combinó los tradicionales actos multitudinarios con el nuevo marketing político (encuestas, medios de comunicación, imagen de los candidatos), la UCR apeló a técnicas como el "saludo de Alfonsín" –el gesto de juntar ambas manos junto a su cabeza– o el uso de las iniciales "RA", en busca de una deliberada asociación entre Raúl Alfonsín y República Argentina.

En abril de 1983, Alfonsín denunció la existencia de un "pacto militar-sindical" destinado a garantizar la autoamnistía promulgada por los militares para exculparse de sistemáticas violaciones a los derechos humanos.

En respuesta, el peronismo buscó identificar la candidatura de Alfonsín con la empresa estadounidense Coca-Cola, y empapeló las calles de Buenos Aires con carteles alusivos a esa supuesta vinculación.

El punto más alto de la campaña radical llegó el 26 de octubre, a cuatro días de las elecciones, cuando Alfonsín congregó a más de un millón de personas frente a un escenario montado en el Obelisco porteño.

"Hay dos propuestas, dos ideas, pero un solo pueblo", subrayó el candidato radical ante la multitud.

La manifestación de apoyo a Alfonsín se constituyó en un desafío para el peronismo, que dos días más tarde convocó a otra multitud en el Obelisco, donde el dirigente Herminio Iglesias apareció como responsable de la quema de una miniatura de ataúd con el nombre del candidato radical y pintado con los colores blanco y rojo de la UCR.

Participación

En ese contexto, la gente acudió a votar en forma masiva el 30 de octubre y marcó así otro hito histórico: hubo una participación electoral del 85,61 por ciento, un nivel que desde entonces nunca volvió a ser alcanzado en una elección presidencial en el país. 

Peronismo

El desconcierto en la cúpula del PJ durante el escrutinio fue mayúsculo, porque no imaginaban el resultado adverso que se iba anunciando y algunos dirigentes hasta hablaron de un "fraude informativo".

Tal vez la frase que mejor sintetizó la perplejidad del peronismo fue la que pronunció el líder sindical Lorenzo Miguel: "Falta contar los votos de La Matanza", se esperanzaba.

Aquella expresión, respaldada en el peso electoral del peronismo en ese partido bonaerense, reveló la incredulidad del justicialismo ante un resultado que fue abrumador.

La UCR había obtenido más de 7,7 millones de votos (51,75%) contra los poco menos de 6 millones (40%) de la fórmula del PJ y, además, había ganado en la Capital Federal y las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Mendoza, las más pobladas del país.

El discurso triunfal de Raúl Alfonsín
"Agradezco el esfuerzo, porque ha sido la participación de la ciudadanía argentina en su conjunto lo que ha garantizado que este proceso de democratización de los argentinos culminara con éxito", fueron las primeras palabras que dijo Alfonsín, para luego pronunciar la famosa frase "Un médico, por favor, allá". 

Su discurso, pausado e interrumpido varias veces por el fervor popular, siguió así: "Yo les pido que comprendan que iniciamos una nueva etapa en la Argentina. Es absolutamente necesario que todos comprendamos que este día en el que inauguramos un largo período de paz y de prosperidad y de respeto por la dignidad del hombre y de los argentinos. Este día en que recibimos el saludo alborozado de las democracias del mundo y muy particularmente de las democracias de los países de América Latina, como la de Uruguay, como la de Paraguay. Este día debe ser reconocido como los argentinos como el día de todos. Acá hemos ido a una elección, hemos ganado, pero no hemos derrotado a nadie, porque todos hemos recuperado nuestros derechos".

 

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