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4 de febrero de 2019

Lizy Tagliani: “No tengo techo. Mi misión es hacer reír”

La humorista debuta este lunes como conductora de “El precio justo” por Telefe. Repasa sus orígenes y el desafío actual.

Un paso más. De la peluquería al humor, de ser panelista a conducir ciclo propio. Lizy Tagliani debuta este lunes con El precio justo, a las 11.30 por Telefe. ¿Qué expectativas tenés como conductora?       - La expectativa máxima es cubrir las expectativas de tantas personas que pensaron y confiaron en mí para hacer esto. Me gustaría que estén orgullosos o al menos contentos por haber apostado por mí. Pero no tengo miedo de que un día me digan “hasta acá” y que nunca más me llamen. Doy lo mejor y más pero, si alguna vez me dicen “no servís más”, me voy a la peluquería a seguir peinando. No me molestaría para nada, por eso no tengo miedo sobre lo qué va a pasar.   -Suena muy realista, ¿siempre tuviste los pies en la tierra?   -Creo que puedo tener los pies en la tierra porque la popularidad me llegó de grande. Tengo 48 y recién hace cuatro que me pasa todo esto de ser más conocida. ¿Qué voy a cambiar a esta altura? A lo sumo, una comodidad, algo que antes no pude tener. Algunos lujos me doy pero son muy pocos, vivo como siempre. Lo que me sobra es para guardar.   -¿Sentís que ya te ganaste tu lugar en el medio?   -Siento el cariño de la gente, tal vez me llama más atención el de los compañeros porque es más dificil de conseguir.   -¿Nunca te interesó la fama?   - No, yo era feliz con la peluquería, no tenía la inquietud de ser conocida. Lo que hacía desde 2007 eran shows en boliches pero como pasatiempo. Ahí hablaba, siempre me gustó hablar, mucho. Contaba todo y se ve que esa catarsis, las miserias que vomitaba con humor identificaban a muchos.

-El poder que tienen las palabras, ¿no?

-Sí. En mi familia siempre rondaba un humor muy particular, muy negro, éramos capaces de decir barbaridades y eso no nos condicionaba. Y así empecé. Mucho después, haciendo radio me hicieron clic algunas cosas. Ahí bajé un poco los decibles porque entendí que podía molestar o herir a alguien.

-El humor que hacés con vos misma, ¿ es la clave de que la gente te acepte tanto?

-Puede ser. A mí lo que más me importa mostrar es que, si yo cuento algo de mi infancia y otros se identifican porque también lo vivieron y no por eso son travestis, es porque podemos compartir, ser todos diferentes pero a la vez somos iguales. Toda la lucha por los derechos de las mujeres, de los LGTB y demás es algo que uno comparte quiera o no, porque es el momento social que vivimos todos. Si mirás para otro lado, sos parte del porcentaje que mira para otro lado pero pertenecés igual al cambio que se está dando. Después están los militantes pero cada uno suma desde lo suyo.

-¿Desde muy chica fuiste aceptada por tu familia y pudiste armar tu identidad sin conflictos?

-Sí, no tengo rollos con eso porque todo lo malo que me podía pasar afuera, cuando volvía a casa me sentía contenida y volvía a tomar fuerza. Mi mamá me enseñaba qué contestar si alguien me decía algo. Fue una mujer de vanguardia y eso que no tenía ni segundo grado. Casi no sabía escribir pero era muy inteligente e intuitiva. Y amorosa.

- ¿Llegó a verte siendo famosa?

-No, sólo con la peluquería pero eso ayudó a que se sintiera más tranquila. Lo primero que hice cuando pude ayudarla es levantar una pared y ponerle picaportes a las puertas de su casa que era de adobe.Siempre, todos los días, en algún momento, siento que está viva. Es un instante fugaz pero no soy melancólica.

-¿Hace poco te enteraste que tenías una hermana biológica?

- Sí, muy fuerte. Haciendo una gira en el Chaco, primero descubrí a mi padre biológico. O sea que al final tuve tres padres: uno con el que me crié hasta los 16, José Rojas que me dio el apellido y de los 18 hasta hace un año, el segundo, Jorge Tagliani, al que le uso el apellido ahora. Cada uno cumplió su rol y fueron excelentes padres. Mi mamá se vino desde el Chaco, cuando yo era muy chica pero nunca contaba nada, no hablaba, era hermética. Yo pensaba que se había ido del Chaco para que no me regalaran o mi abuela me criara como si fuera mi madre, cosas que pasaban. Y ahora descubro, a través de una señora que me trajo una carta con unas fotos mías de bebé, que el que se las dio era mi papá biológico. El le había dicho a la mamá de esa señora que eran fotos de su hijo Luisito y que las cuidara mucho. Eso hace 30 o 40 años. Las fotos pasaron de mano en mano y llegan hasta una prima mía. Así me entero que tengo una hermana que nació una semana después que yo. Yo nací el 12 de septiembre de 1970 y ella, el 19 de septiembre de 1970. O sea que mi mamá se enteró de que mi papá tenía dos familias y por eso ella se vino a Buenos Aires y no quiso saber más nada. Cuando me enteré de eso me di cuenta de que mi papá, algún sentimiento hacia mí tenía. Falleció el mismo año que mi mamá, en 2011, con meses de diferencia.

- Qué fuerte esa coincidencia.

- Sí y fue a partir de ahí que se empezaron a dar un montón de cosas. Yo siempre fui muy trabajadora pero hubo algo mágico, como una energía muy fuerte que me vino de algún lado para terminar de acomodar todo lo que yo solita había gestado. Se abrieron caminos que nunca me los hubiese imaginado.

- El apellido Tagliani lo tomaste del segundo marido de tu mamá, ¿y Lizy de dónde viene?

-Era la peluquera de mi abuela y ella me llamaba así cuando jugábamos a que yo la peinaba. En mi familia nunca tuve la necesidad de contarles que era gay, directamente les dije cuando era chica que me quería llamar Carla Marina Marconi. Y después que me quería vestir de mujer y nunca me hicieron problema. Desde chica soy una nena trans.

-Muy de avanzada todos.

-La verdad que sí porque, aún hoy en día, no es tan común, y cuando yo era chica, mucho menos. Por eso cuando me presentan a alguien lo acepto tal cual es. El respeto lo aprendí de chica.

-¿Que imaginás para tu futuro?

-Para mí no hay techo. Pero creo que para nadie. Es cuestión del momento, de las circunstancias, algo de suerte, trabajo, el destino. Y además, yo agarro todo. Mi misión es hacer reír.

- ¿Qué querés para tu vida personal?

-Ahora estoy sola pero tengo enamorados. Me pasa que sé cuál sería el hombre ideal pero ese no me enamora. Hay un chico de 23 años que es un sol, un pretendiente. Pero no hay forma, soy como un travesti del Opus Dei, no sé. No puedo estar con alguien 25 años menor. No se me ocurre. Me gustaría vivir en familia, con alguien para acompañarnos y compartir. Y un hijo, tal vez o alguien a quien devolverle todo lo que la vida me dio.

 

De la India a los Estados Unidos. El mismo formato en varios idiomas.

El precio justo es un formato de entretenimientos que surgió en los Estados Unidos, pasó por más de 120 países y en España, por ejemplo, ya lleva varias temporadas. En la Argentina, Fernando Bravo condujo una versión en 1999. En el ciclo, los participantes compiten intentando acercarse al precio de distintos productos para ganar dinero y premios.

“Veo el programa de Estados Unidos, como no entiendo nada de inglés, para entender más el ritmo. No lo quiero ver en español para no influenciarme de nada porque soy esponja”, dice Lizy Tagliani, al frente de la nueva temporada por Telefe.

“Es a todo ritmo, necesitás tener un orden, es como invitar a mucha gente a jugar a tu casa y que todos se vayan contentos y que del otro lado, se entienda”, cuenta Lizy. “Tengo el entrenamiento del under, ahí tenía que captar la atención, como fuera”. Y agrega:“En Telefe hay un equipo de gente que te entrena, con ejercicios tipo clase de teatro con cosas que te pueden pasar durante el vivo. En todos los países se hace grabado, pero el vivo es otro desafío que me encanta. Creo que puedo ir aprendiendo con la gente porque no soy Héctor Larrea. Supongo que el público me va a acompañar en esto de ir aprendiendo”.

 

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